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Aprendizaje significativo y estrategias de aprendizaje
CIENCIACIERTA No.20  • 
octubre - diciembre de 2009
 

Introducción
La educación formal, al ser forjadora de profesionistas (universitarios entre ellos) y ciudadanos, tiene en sus manos un desafío muy grande: preparar personas reflexivas, críticas y capaces de resolver problemas que el mundo globalizado genera, a través de modelos educativos innovadores. La educación debe dejar los métodos tradicionalistas ajustados para perpetuar las diferencias negativas de la sociedad, y cambiarlos por modelos educativos que realicen a las personas en los límites de lo posible y deseable, en términos de los individuos y de los colectivos sociales. Los docentes deben concientizarse sobre cuál es su rol en el proceso de aprendizaje de los alumnos. En esta sociedad de la información en la que el humano se desenvuelve hoy, el empirismo tiene que ser reubicado. Resulta irónico que Internet esté repleta de información (por ejemplo) y que los docentes sigan guiando su praxis educativa en la emulación de procedimientos sin tener consciencia del por qué.

Utilizar estrategias de instrucción es una innovación educativa. Las estrategias de ilustración surgen como medios para lograr aprendizajes significativos. El aprendizaje significativo es aquel que dejará en los estudiantes la capacidad de utilizar los conocimientos y demás contenidos adquiridos en situaciones contextualizadas, y esto les dará también la posibilidad de resolver problemas en situaciones externas al aula de clases.

En la praxis educativa los docentes difícilmente siguen los principios de un paradigma psicopedagógico bien definido. Muchos docentes enseñan basados en su intuición y experiencia, en el empirismo directo y no en el seguimiento de principios psicopedagógicos; es decir, en las teorías educativas. Si una gran parte de la enseñanza se lleva a cabo a través del empirismo, entonces no se podrá esperar altamente que los maestros puedan guiar a los alumnos al logro de un aprendizaje trascendente.

Inmersos en un mundo global postmoderno, las instituciones educativas (y entre ellas las de educación superior) deben proveer a la gente con las herramientas y los medios para ser autónomos y buenos aprendices a lo largo de su vida (Weinstein, Husman y Dierkin, 2000). En el nuevo milenio con su sociedad cambiante y con las situaciones económicas en las que se vive, la transmisión de conocimientos ya no es suficiente. Lo que se necesita es enseñar a los estudiantes cómo “aprender a aprender” (Harris y Presley, 1991).

El aprendizaje
Tradicionalmente el proceso de aprendizaje ha sido concebido sólo como una acumulación de información, con una mínima comprensión, transferencia reducida y poco uso del conocimiento (González y Flores, 2003). Sin embargo, una de las tendencias más divulgadas al definirlo es aquella que se refiere a la calidad del cambio; esto es, que se le entienda como un cambio en la persona que aprende. No se trata de cualquier cambio, sino de aquel que está condicionado por la experiencia a la que se somete al aprendiz. Así, se puede afirmar que el aprendizaje es siempre un cambio producido por la experiencia (Rodríguez-Mena y García, 2003).

La teoría del aprendizaje significativo de David Ausubel
Esta teoría parte de la idea de que “el aprendizaje significativo es muy importante en el proceso educativo porque es el mecanismo humano por excelencia para adquirir y almacenar una vasta cantidad de ideas e información representadas por cualquier campo de conocimiento” (Ausubel, 1976, p.78). Esta teoría cognitiva -al igual que la teoría vygotskiana- se basa en posiciones organicistas y está enfocada en el aprender producido en un medio educacional; esto es, en una situación de interiorización o asimilación por medio de la instrucción (Pozo, 1999). Ausubel desarrolla una teoría sobre la interiorización o asimilación a través de la instrucción, de conceptos verdaderos que se construyen a partir de nociones previamente formadas o descubiertas por la persona en su entorno (Pozo, 1999). También dice que aprender consiste de una reestructuración activa de ideas, conceptos, percepciones y esquemas que el estudiante tiene en su estructura cognitiva. Para este autor no implica una simple asimilación pasiva de información literal, sino que el sujeto la transforma y estructura. Su postura también es interaccionista; es decir, los materiales de estudio y la información exterior se interrelacionan e interactúan tanto con los esquemas de conocimiento previo como con las características personales de los alumnos (Díaz-Barriga y Hernández, 2002). Los humanos aprendemos de forma trascendente cuando almacenamos información en la memoria de largo plazo, relacionándola con otras piezas de información que son similares o que están vinculadas. El aprendizaje significativo fomenta el almacenamiento y la recuperación de la información.

Tal teoría señala que el aprender tiene lugar a través de un proceso de recepción, y se fundamenta en los siguientes principios: la capacitación resulta de un proceso de recepción de información. El tipo de razonamiento utilizado es el deductivo. El aprendizaje es significativo a medida que se genera en un ambiente y en condiciones que permitan su contextualización. Esto se presenta como una contraposición a la instrucción por memorización (Garza y Leventhal, 2002).
Condiciones para el aprendizaje significativo

Díaz-Barriga y Hernández (2002) sugieren que para que se genere tal efecto en el salón de clases es necesario: que la nueva información se relacione de modo no arbitrario y sustancial con lo que el alumno ya sabe; la disposición del alumno (su motivación y su actitud); la naturaleza de los materiales o contenidos. Entendiendo que relación sustancial y no arbitraria quiere decir “que las ideas se relacionan con algún aspecto existente específicamente relevante a la estructura cognoscitiva del alumno, con una imagen, un símbolo ya significativo, un concepto o una proposición” (Ausubel, Novak y Hanesian, 2006, p.48). Que el material sea sustancial, que no sea al pie de la letra, un mismo concepto o proposición puede expresarse de manera sinónima y seguir transmitiendo lo mismo (Díaz-Barriga, 2002). Ausubel (citado por Pozo, 1999) dice que el material debe poseer un significado en sí mismo, lo que ocurre si sus elementos están organizados. Sí un material no cumple esto, es difícil que se pueda aprender.

Con respecto a la actitud de los alumnos Ausubel, Novak y Hanesian puntualizan que sin importar cuánto significado tenga el material presentado, si el alumno quiere memorizar esa información el resultado será mecánico y designificado. Y a la inversa, independientemente de que el alumno tenga una actitud positiva, no se dará un aprendizaje significativo si la tarea no es relevante (2006).

De acuerdo con Garza y Leventhal (2002) el procedimiento que se sigue en la implementación de esta teoría se basa en los siguientes elementos. En primera instancia, el maestro elabora organizadores previos que presenta a los estudiantes a través del método expositivo: se les presenta el conocimiento semántico y procedimental y un buen número de ejemplos. Por su lado, los estudiantes aplican el conocimiento en la solución de problemas o lo reconocen en los ejemplos (operan de manera deductiva). Ausubel destaca que durante el proceso el aprendiz relaciona de manera sustancial la nueva información con sus conocimientos y experiencias previas. Esto requiere de la disposición del estudiante para aprender adecuadamente y la mediación del docente en esa dirección. Por otra parte, también interesa la forma en que se plantean los materiales de estudio y las experiencias educativas (1976).

Lograrlo no se trata sólo del cumplimiento de un objetivo o lograr una conducta deseada. Esta forma de aprender implica que la persona que se está instruyendo para reflexionar sobre sus esquemas de pensamiento, cuestione sus normas internalizadas, modifique sus auto-conceptos y reinterprete sus formas de actuar presentes y pasadas desde nuevas perspectivas. El aprendizaje significativo sugiere un cambio fundamental en los educandos y los orienta a redefinir y reinterpretar su mundo personal, social y ocupacional. Se trata de preparar a los alumnos para vivir en la sociedad cambiante en la que se vive.

Tipos de aprendizaje significativo
La teoría ausubeliana habla de tres tipos que se presentan en la recepción de información: el representacional, el de conceptos, y el proposicional. El representacional supone la atribución de importancias a símbolos específicos; es decir, el alumno identifica el significado de determinados símbolos, en su mayoría palabras (Moreira, 2000). Mientras que en el representacional se establece una equivalencia entre el símbolo (el sonido de una motocicleta) y el referente (la motocicleta), el desarrollado por conceptos se lleva a cabo entre el símbolo y las características criteriales comunes a diversos ejemplos del mismo referente (diferentes motocicletas). Por último, en el proposicional la tarea es entender lo aportado por diferentes proposiciones. Las proposiciones son palabras combinadas en una oración. Se debe comprender lo que está más allá de la suma de todas las palabras que componen la proposición (Moreira, 2000).

Las estrategias de aprendizaje
Son los mecanismos de control con los que el individuo cuenta para dirigir su forma de procesar información, los cuales promueven la adquisición, el almacenamiento y la recuperación de la información (Pozo y Postigo, 1993 y otros más citados por Gallardo, 2000). Weinstein y Mayer (1986, citados por González y Flores, 2003) definen las estrategias para aprender cómo “las acciones y pensamientos de los alumnos que ocurren durante el aprendizaje y que tienen gran influencia en el grado de motivación e incluyen aspectos como la adquisición, retención y transferencia” (p. 95).

Díaz-Barriga, Castañeda y Luke, (1986) y otros, citados por Díaz-Barriga y Hernández (2002) expresan que las estrategias son los procedimientos –conjunto de pasos, operaciones o habilidades- que los estudiantes utilizan de manera consciente, controlada e intencional como instrumentos flexibles para aprender de forma importante y así tener la capacidad de resolver problemas. Monereo (2002) dice que en términos generales las estrategias de adquisición son “procesos o actividades mentales deliberadas, intencionales, propositivas; es decir, conscientes. El estudiante, cuando pone en marcha una estrategia, debe “detenerse a pensar y planificar sus acciones, anticipando, en parte, los efectos que tendrán en relación al objetivo perseguido” (p. 30). Es importante también que el alumno regule su conducta; es decir, debe controlar la actividad con la finalidad de efectuar cambios si cree que la consecución del objetivo peligra (Monereo, 2002).

El objetivo principal del uso de estrategias es el de ayudar a los aprendices a tomar el control de su propio proceso de formación. Solamente las anotaremos dejando para otra colaboración su presentación, dada la brevedad del espacio disponible. Así se tienen las siguientes: de memorización, cognitivas, metacognitivas y de autorregulación, afectivas, sociales y de compensación.

Conclusión
Intentando responder de modo frontal, profesional y ético a las formas existenciales de la actualidad, la educación se entiende como una de las herramientas más valiosas que pueden lograr la formación de individuos conscientes, crítico-analíticos, responsables y socializados, que son los estudiantes de hoy, pero serán los ciudadanos de todos los estratos a la hora de su incorporación formal a la propia sociedad y sus quehaceres.

En este contexto general, los docentes de todos los niveles deberían irse moviendo hacia formas más deseables de educación, adiestrándose sensiblemente en lineamientos más propios del proceso educativo. Retomando su papel en el proceso enseñanza-aprendizaje y siendo vehículos de una mejor facultación de los educandos hacia los entornos de su aprender por medio de la aplicación de una serie de estrategias recomendables de estudiar, comprender y comunicar.


Referencias bibliográficas
Ausubel, D. P. (1976). Psicología educativa. México. Trillas.
Ausubel, P.D., Novak, J., y Hanesian, H. (2006). Educational Psychology: A cognitive view. Nueva York: Holt, Rinehart & Winston.
Díaz-Barriga, F. y Hernández, G. (2002). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo: Una interpretación constructivista. México. McGraw Hill.
Gallardo, L., B. (2000). Procedimientos. Estrategias de aprendizaje. Su naturaleza, enseñanza y evaluación. Valencia. España. Humanidades Pedagogía.
Garza, R., M. y Leventhal, S. (2002). Aprender cómo aprender. México: Trillas.
González, C., O. y Flores, F., M. (2003). El trabajo docente: enfoques innovadores para el diseño de un curso. México. Trillas.
Harris, K. R., y Presley, M. (1991). The nature of cognitive strategy instructions: Interactive strategy instruction. Exceptional Children.
Monereo, F., C. (2002). Estrategias de aprendizaje. Madrid. A. Machados libros.
Moreira, M. (2000). Aprendizaje significativo: teoría y práctica. Madrid. Aprendizaje Visor.
Pozo, J., I. (1999). Teorías Cognitivas del Aprendizaje. Madrid. Ediciones Morata.
Rodríguez-Mena, M y García, I. (2003). El Aprendizaje para el Cambio. Papel de la Educación. Red de Revistas Científicas de América Latina (Redalyc). Convergencia, vol. 10.
Weinstein, C. E., Husman, J., y Dierking, D. R. (2000). Self-regulation interventions with a focus on learning strategies: In Handbook of Self-Regulation. San Diego. Academic Press.

 
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Referencias bibliográficas.
 
CIENCIACIERTA No. 20 Año 5, Octubre - Diciembre 2009
 
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